Carlos tardó en comprender que lo más complejo no era irse.
Lo verdaderamente difícil era vivir después, cuando ya no había una historia clara que contarse a sí mismo. Durante años, su vida había estado sostenida por relatos funcionales: el del deber, el del cargo, el del sacrificio necesario, el del hombre que hace lo que debe aunque no siempre le guste.
Esos relatos habían ordenado el caos.
Le habían dado sentido al cansancio.
Le habían permitido tolerar contradicciones.
Ahora no estaban.
Y n