Carlos dejó de sentir que el futuro lo estaba empujando.
No fue una decisión consciente ni un gesto de renuncia. Simplemente ocurrió. Un día se dio cuenta de que ya no vivía con la sensación constante de que algo estaba por venir y debía ser alcanzado. Durante años, esa presión había sido casi imperceptible, pero permanente: una expectativa difusa, una proyección continua hacia adelante.
Ahora no.
El futuro seguía existiendo, por supuesto, pero había perdido su carácter imperativo.
—No tengo qu