Mundo ficciónIniciar sesiónEl amor en un mundo materialista dejo de existir...cuando el amor se aleja las caza fortunas aparecen..como el aire que se respira pueden tentarte una y otra vez a respirar
Leer másUn choque accidental
--------- El día comenzaba tan normal como siempre en mi pequeño apartamento , un lugar cuidadosamente elegido , sin cámaras directas al apartamento o vecinos sospechosos . Justo cuando me levante a prepararme una taza de café la puerta resonó con tres golpes pequeños "correo " dijo antes de irse dejando la carta en el piso . Tome la carta y entre , una nueva "misión" si así se podia llamar . ---------- Tomare la molestia de presentarme, mi nombre es Catalina - dije tomando la mano de mi nuevo empleador , todo estaba saliendo de maravilla , el plan se puso en marcha . Horas antes. muy bien...así que tengo que arruinar un matrimonio...- murmure en mi apartamento mientras leía el contenido del sobre bien..-dije parandome del sillón para darme una buena ducha y crear un nuevo personaje . 7:30 am. Ducha A un hombre se lo encanta con el aroma - dije mientras me desvestí para entrara a la ducha . El javon limpiaba mi cuerpo entero , los aromas asían su magia en la piel . La depilación ...para buena presentación . 8:15 am. Llamada Diga me..que necesita que haga exactamente señora...señora Acero..-dije tranquilamente a través de la computadora . Quiero divorciarme....necesito que seduscas a mi marido y cuando tengas todo listo te pagare completo - decía aquella mujer con calma calculadora , hablaba tan seriamente que hasta me hacia dudar de que alguien con tan buena pocicion económica quisiera dejar su lugar feliz. Sabe cual es mi tarifa ¿verdad? - pregunte , pues todo se trataba sobre dinero...nada mas que el dinero. Cuanto estas dispuesta a hacer..- pregunto la mujer . Cuanto esta dispuesta a pagar mi señora - dije juntando las manos a modo de suplica , con una sonrisa casi inocente , pero mis ojos delataban esa codicia que quería esconder. 10 mil - dijo como si se tratara de la propina la parece 20 ?- dije , tratando de sonar lo mas neutral posible acepto - dijo rápidamente muy bien...digame ya encontró la manera de que entre a la vida de su marido ? o tengo que improvisar - pregunte ,para saber si yo misma tengo que hacer todo . Mi marido...- dijo como si la palabra la amargara - esta buscando una nueva secretaria ...serias perfecta para el puesto..- dijo ella con una sonrisa. claro...envíeme la información...- dije antes de que la llamada colgara . muy bien....empezamos - dije , diriguiendome hacia el armario para sacar ropa , una falda , camisa , medias...todo lo que se necevita para una buena secretaria . Una hora después ya estaba completamente vestida , Una falda unos centímetros arriba , lo suficiente para llamar la atencion , una camisa ligeramente abierta , un saco que combine , tacones lo suficientemente altos y comodos para correr , perfume y listo... ---------- Al parecer soy la única...- dije en un susurro mientras pasaba a la oficina de mi objetivo . Era incluso mas impresionante en persona , Barbilla marcada , ojos azules que parecían derretir el metal , traje a la medida y pelo negro perfectamente peinado con una barba ligera sin afectar o ocultar sus rastros de madurez . Señorita..Amelia Hotson ¿verdad ?- pregunto con una voz tan profunda . Si , un gusto conocerlo señor Enrique Acero- dije , estirando la mano para un saludo , el cual el acepto . Primer paso... Muy bien señorita Amelia Hotson, al ver su currículum me di cuenta que estudio contabilidad - dijo , tomando mi currículum para mirarlo nuevamente . Si , me gradúe en la "Universidad San Antonio Martinez"- dije con una sonrisa inocente , esa que a los hombres mayores les gusta , ajustando ligeramente mi falda , subiendola lo suficiente para que se diera cuenta . Si..es una buena universidad - dijo , casi...nervioso , lo cual duro muy poco pues se recompuso rápidamente , pero para su suerte note que mordio el anzuelo . Una hora después , cúa do la entrevista por fin termino puede aceptar el trabajo con todos los tramites requeridos . Muy bien , ya que todo esta hablado, mañana puede venir a trabajar , su contrato estara listo para que lo firme en la mañana - dijo levantandose para dirigirme a la puerta . si...gracias..- dije , levantandome con cuidado , cuidando que vea cada uno de mis " inocentes " movimientos . --------- muy bien...- dije mientras me acostaba en mi suave y cómodo sillón , hoy había sido un buen productivo y mañana tendría que empezar a trabajar...Catalina no se reconocía.El espejo del baño no devolvía su rostro: devolvía a Casandra. No era solo la forma de los ojos ni la rigidez de la mandíbula. Era algo peor. La ausencia. Esa calma helada que no pedía permiso para existir.Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el lavamanos. Las luces blancas le marcaban cada línea del rostro, cada sombra calculada. Había practicado ese gesto cientos de veces. Casandra siempre parecía cansada, pero nunca débil. El cansancio como señal de superioridad.—No soy tú —susurró Catalina.El reflejo no respondió.Parpadeó.Enderezó la espalda.Endureció la mirada.Casandra seguía allí.Catalina sintió una punzada en el estómago. No miedo. Asco. Porque entendió algo que había evitado nombrar: no estaba fingiendo bien a Casandra. La estaba recordando demasiado bien.El entrenamiento había ido demasiado lejos.Había empezado como una estrategia: copiar gestos, tonos, silencios. Luego vinieron los pensamientos automáticos. Las respuestas antic
La Nieve que no se DerriteEl ataque no llegó como un recuerdo.Llegó como una sensación corporal.Catalina estaba sentada en el suelo del baño, la espalda apoyada contra la bañera, cuando el frío le subió por los pies. No había agua. No había hielo. Pero su cuerpo reaccionó como si estuviera desnuda sobre la nieve otra vez.Intentó moverse.No pudo.Sus manos comenzaron a temblar primero. Luego la mandíbula. Después todo su sistema colapsó en una obediencia antigua. Sus ojos se desenfocaron y, sin darse cuenta, bajó la cabeza.Carolina había vuelto.No con lágrimas.Con ausencia.Jonatan fue el primero en notarlo. Catalina llevaba demasiado tiempo en silencio. Cuando entró al baño, la encontró encogida, las rodillas contra el pecho, los labios azulados.—Carolina —dijo con cuidado.No hubo respuesta.Cristian apareció detrás de él, y el aire cambió. Su primera reacción fue de rabia
La ausencia de Andrés dejó un vacío palpable en el apartamento, un silencio que amplificaba la tensión acumulada entre los tres. Él había sido el hilo de normalidad en medio del caos, recordándoles las rutinas simples como comer o apagar las luces. Sin él, el aire se espesaba con el peso de sus pasados compartidos, convergiendo en un momento inevitable. Catalina se encontraba sentada en el suelo de la sala, recostada contra el sofá, hipnotizada por la lluvia que azotaba el ventana como un eco de los recuerdos que martilleaban su mente.Esa noche, el remolino de identidades fragmentadas dentro de ella se aquietó, no por una paz serena, sino por un cansancio profundo. La sumisión de Carolina, la astucia de Catalina y el vacío hueco de Amelia se fusionaron en una necesidad primal: ser tocada, poseída, recordada que su cuerpo era suyo, no un instrumento de dolor o trueque, sino un dominio propio que ansiaba ser explorado.Cristian permanecía de pie junto a la barr
La semana que siguió al colapso en la bañera no fue el inicio de un romance, sino una guerra de guerrillas emocional dentro de las paredes del apartamento. Convivir cuando el concepto de "amor" ha sido extirpado y reemplazado por un manual de supervivencia es como caminar descalzo sobre cristales rotos: cada paso es un riesgo y cada roce puede provocar una hemorragia.Catalina se movía por el apartamento como un animal que acaba de ser liberado de una jaula, pero que aún no sabe que la puerta está abierta. Su mente era un campo de batalla donde las tres mujeres que habitaban en ella peleaban por cada centímetro de su voluntad.El Despertar de la VoluntadHabía días en los que Catalina lograba ser, simplemente, ella. Eran momentos fugaces en los que, si Cristian le pedía que se sentara a comer, ella se negaba simplemente porque no tenía hambre. Parecía un acto pequeño, pero para alguien que había sido programada para obedecer cada orden en la mansión, ese "no" era una rev
El apartamento se había convertido en un laboratorio de identidades rotas. Catalina estaba allí, de pie en el centro de la alfombra, sintiendo el calor de los cuerpos de Cristian y Jonatan, pero su mente funcionaba como un engranaje oxidado que giraba en el vacío. No era que rechazara el amor; era que no tenía un lenguaje para procesarlo. La mansión Acero le había grabado a fuego una sola forma de existir ante el afecto: la sumisión. Para la pequeña Carolina, "amor" o atención significaba bajar la cabeza, apretar los dientes y esperar a que el dolor terminara. Luego, el mundo exterior y sus años de ascenso la habían transformado en Catalina, la mujer astuta que leía los deseos de los hombres antes de que ellos mismos los supieran. Catalina sabía seducir para manipular; sabía qué mirada usar para obtener una firma en un contrato o una confesión de un juez. Sabía lo que los hombres querían de ella, pero nunca había aprendido qué quería ella de un hombre. Y ahora, f
El amanecer en los suburbios no trajo la luz cálida que las películas prometen tras una tragedia; trajo una claridad grisácea, una luz cruda que desnudaba la miseria del apartamento y la fragilidad de los cuatro supervivientes. Catalina seguía envuelta en la manta, tiritando no por el frío del agua que ya se había secado, sino por el vacío que sentía en los huesos. Las palabras de Cristian —“Nos reclamamos porque te amamos”— flotaban en el aire como partículas de polvo, suspendidas, sin que ella pudiera asimilarlas. Para Catalina, el amor era un concepto deformado, una palabra que Enrique usaba antes de una violación o que Casandra pronunciaba con sarcasmo mientras ajustaba una dosis de hormonas. En su mundo, el afecto era una moneda de cambio o una trampa. Que esos dos hombres, rotos y endurecidos por la misma forja de dolor, pronunciaran esa palabra, le parecía una alucinación más de su mente inestable. —No lo digas —susurró Catalina, con la vo
Último capítulo