Mundo ficciónIniciar sesiónEl beso terminó, pero ninguno de los dos retrocedió. Se quedaron así, respirando el mismo aire, pegados todavía por un hilo invisible que, más que unirlos, parecía apretarlos.
Carlos bajó lentamente las manos de su rostro, pero no dejó de tocarla. Sus dedos se quedaron en sus hombros, como si necesitara comprobar que ella seguía ahí, tangible, viva, real. —Voy a encontrar a ese tipo —dijo al fin, con la voz ronca— No voy a permitir que juegue contigo. Ni con noso






