Capítulo 34

El beso terminó, pero ninguno de los dos retrocedió. Se quedaron así, respirando el mismo aire, pegados todavía por un hilo invisible que, más que unirlos, parecía apretarlos.

Carlos bajó lentamente las manos de su rostro, pero no dejó de tocarla. Sus dedos se quedaron en sus hombros, como si necesitara comprobar que ella seguía ahí, tangible, viva, real.

—Voy a encontrar a ese tipo —dijo al fin, con la voz ronca— No voy a permitir que juegue contigo. Ni con nosotros — Adriana tragó saliva.

—¿Y qué vas a hacer cuando lo encuentres? —preguntó.

Carlos no respondió de inmediato. Lo imaginó. Lo vio con claridad en su mente: frente a él, sonriendo con esa calma irritante.

Lo vio provocándolo.

Lo vio nombrando a Adriana como si pudiera tocarla con las palabras.

—No lo sé —admitió— Pero sé que no voy a quedarme quieto — Adriana bajó la mirada hacia el sobre.

—Él sabe dema
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