Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj marcaba las ocho cuando Carlos estacionó frente al edificio de Adriana. No había acordado pasar por ella, pero sus conversaciones de los últimos días habían dejado el encuentro suspendido en el aire, como una promesa tácita.
Ella bajó puntual, envuelta en un abrigo color marfil y un perfume que a Carlos le recordó al jazmín mezclado con algo más profundo, algo que no lograba definir. Su cabello caía suelto, y en su rostro había una calma que él ya reconocía: la de alguien qu






