Capítulo 22

La ciudad amaneció cubierta por una neblina espesa. Desde la ventana de su departamento, Adriana observaba cómo el humo de los autos se mezclaba con el aire húmedo, borrando los contornos de los edificios. Aquella niebla parecía un presagio, una cortina que ocultaba algo que estaba a punto de revelarse.

El día anterior había intentado convencerse de que el nuevo asesinato era solo una coincidencia, un eco distante de la violencia que ya creía enterrada. Pero las noticias seguían repitiendo el nombre de John Whitmore, y ese eco era demasiado insistente como para ignorarlo.

Tomó su taza de café, la misma de siempre, pero el sabor le resultó diferente. Amargo, metálico. No supo si era el café o ella.

El teléfono vibró. Era Carlos.

—¿Puedo verte hoy? —dijo su voz, ronca de cansancio.

—Sí —respondió ella sin pensarlo—. Ven a mi casa.

Colgó antes de arrepentirse. Había pasado toda la noche imaginando la conversación que tendrían; ca
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