Capítulo 20

El amanecer se filtró a través de las cortinas como un hilo de seda.

Adriana abrió los ojos con lentitud, intentando sostener el eco del sueño que la mantenía suspendida entre el pasado y el presente. En su pecho, el recuerdo del beso de Carlos seguía latiendo, terco, persistente.

Se incorporó despacio. El apartamento estaba en silencio, ordenado, perfecto, como siempre. Pero algo se había movido en su interior: una pequeña alteración en la línea invisible que separaba su mente de sus emociones.

Caminó hasta la cocina y se preparó un café. Afuera, la ciudad comenzaba su habitual murmullo, pero esa mañana algo en el aire parecía distinto. Adriana lo notó sin saber por qué. La calma, cuando se prolonga demasiado, tiende a ser sospechosa.

Miró su teléfono: ningún mensaje de John. Por primera vez en semanas, eso le pareció un alivio.

Había dejado de responderle con frecuencia. Cada v
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