Mientras tanto, en el jet médico que surcaba los cielos, Aynara dormía profundamente. El cansancio de las últimas horas, el ritual, la transformación, todo la había agotado.
Elena velaba su sueño, sin soltar su mano.
—¿Estará bien? —preguntó en voz baja a Laesha, que permanecía sentada al otro lado de la cabina.
—Más que bien —respondió la bruja—. El Gran Espíritu la protege. La fortalecerá. Y al niño también.
—¿Y qué pasará cuando despierte?
Laesha sonrió, una sonrisa críptica que no revelaba