Varek corrió hacia Aynara con una velocidad que desafió a los salvajes. Esquivó sus garras, saltó sobre sus lomos, y en pocos segundos se plantó frente a ella, a solo unos metros de distancia. Sus ojos amarillos brillaban con una locura que helaba la sangre.
—¿Crees que puedes vencerme? —rió, mostrando sus colmillos—. ¿Crees que te dejaré ir?
Aynara no se movió. Uzziel seguía en sus brazos, tranquilo, como si confiara plenamente en su madre.
—Estos trucos de brujería no te van a salvar —continu