Mientras tanto, en el jet médico que surcaba los cielos, Aynara dormía profundamente. El cansancio de las últimas horas, el ritual, la transformación, todo la había agotado.Elena velaba su sueño, sin soltar su mano.—¿Estará bien? —preguntó en voz baja a Laesha, que permanecía sentada al otro lado de la cabina.—Más que bien —respondió la bruja—. El Gran Espíritu la protege. La fortalecerá. Y al niño también.—¿Y qué pasará cuando despierte?Laesha sonrió, una sonrisa críptica que no revelaba nada.—Eso, querida Elena, depende de ella. El espíritu le dará poder. Pero lo que haga con él… eso es decisión suya.Elena miró a su amiga dormida. Su rostro, antes marcado por el dolor y las heridas, ahora parecía en paz. Casi sereno.—No sabe lo que ha pasado allá atrás —murmuró Elena—. No sabe que la creen muerta.—Lo sabrá a su debido tiempo —dijo Laesha—. Por ahora, lo importante es que llegue a nuestro territorio sana y salva.—¿Y luego?—Luego —Laesha cerró los ojos, como si escuchara al
Leer más