Aún no me marcho. Aún sigo con ella. Han pasado tres días desde el aviso, pero, mierda, es tan difícil desprenderme de ella... aunque, siendo sincero, tampoco quiero.
Ahora estamos aquí, en la biblioteca, haciendo una pijamada. A petición suya, claro. Yo solo sigo sus órdenes para complacerla. Por lo menos, ya no anda diciendo que no sirvo para nada.
Me sonríe mientras come de las cosas que nos preparó Virginia para esta noche de películas. Compramos un proyector.
Cuando la película se acaba, e