De regreso a la carretera, Dante me preguntó sobre lo que hablé con su padrino.
—No te preocupes. Solo me dio el pésame y me dijo que puedo contar con él para lo que sea... —sus ojos no se apartaron de los míos.
—Me estás mintiendo —dijo. Me aclaré la garganta, tratando de disimular los nervios.
¿Cómo sabía que le estaba mintiendo?
¿Acaso escuchó?
—No...—
—Sol, te conozco más de lo que puedes imaginar... más de lo que tu cerebro pueda comprender. Pero si no me quieres contar, no importa. Todos