—¿Desde cuándo lo sabes...? —me levanto despacio, con la sangre ardiéndome.
—Desde hace mucho —respondo con un suspiro resignado—. No sé si tu hijo lo hizo a propósito... tal vez. Pero lo supe. Cómo lo descubrí ya no tiene importancia. A tu hijo le gusta ver el mundo arder... y yo quiero verlo arder junto al mundo...pero es tu maldito hijo biológico y yo soy él que pierde. —
Se levanta de la silla y camina en busca de un trago.
—¿Que estás haciendo? — le reprocho.
—No quería que lo supieras por