Estoy en una jaula.
Recojo los trozos de tela del suelo, cubriéndome con la bata de baño.
Frente al espejo, mis manos aún tiemblan. Observo mi pecho... los arañazos son visibles.
Fue como una bestia sedienta sobre mí. Solo recordarlo me aterra.
Gotas de agua caen desde mi cabello mojado, resbalando por mi piel. Mis ojos están enrojecidos, hinchados de tanto llorar.
Paso la mano por mi nariz y camino hasta la cama.
Me abrazo a las rodillas y entonces escucho la puerta abrirse.
Mi estómago se contrae con miedo.
Es é