Dotada de belleza y gracia, para su desgracia.
Me doy un sorbo de whisky y estrello el vaso contra la pared.
—¿Por qué mierda no baja? —gruño.
Camino furioso hasta su puerta, intento girar la manija, pero está cerrada.
Aprieto los dientes y me dirijo a la oficina. Busco las llaves con rabia en las gavetas y no las encuentro.
Esa puerta no iba a poder romperla, y no pienso quedarme esperando.
Tanta es mi rabia que debo hacer una pausa y respirar flexionando mis puños del escritorio.
Y entonces ya más relajado encontré las llaves.
Cuando fin