Llora o mejor arrástrate.
—¿Qué sucede? ¿Te sientes celosa porque no fuiste tú quien la manchó de labial rojo intenso?—me burlo.
—Lo siento, usted no es mi tipo ni de mi agrado—me mira con cara de asco.
Pensé que la molestaría, y al final, quien se molestó fui yo.
¿Que yo no era su tipo, ni de su agrado? ¿En serio?
Perra engreída.
—No escupas para arriba, puede caerte toda tu baba en la cara— la tomo por el mentón y me acerco a su oreja.
—¿Lo entiendes? —le susurro.
—Tienes mucha fe. Para ser un demonio, eres muy creyen