32- Un capricho peligroso.
—Solo te daré unos días —le había dicho Elyria a Gregor como un ultimátum.
Sin embargo, el estrépito de una taza de café estrellándose contra el suelo y haciéndose añicos provocó que Gregor y Elyria giraran las cabezas justo cuando la puerta se abrió de golpe, revelando a Lynn con el rostro contorsionado por la furia.
—¡Humana pretenciosa! ¿Cómo te atreves a reclamar el puesto de Luna? —espetó centelleando de odio.
Sin vacilar, avanzó a zancadas, pisoteando la bandeja y los cristales rotos