30- Princesa, no sirvienta.
Elyria avanzaba por los pasillos con una sonrisa radiante, y con el cuerpo aún tembloroso por los recuerdos de la noche anterior. Había ganado. No había necesitado los dos meses de plazo para hacer que Gregor cayera rendido ante ella.
Ya lo tenía. Lo había sentido en cada caricia, en cada beso hambriento que le robó el aliento, y en la manera en que su nombre escapó de sus labios en medio del éxtasis.
Pero lo más sorprendente no fue la pasión, sino lo que ocurrió después.
Esta vez, Gregor no