— Te estaba esperando, Naira. —
Las palabras flotaron en el aire helado del claro, tan tranquilas y seguras como si estuviera comentando la salida de la luna. Pero para mí, fueron el estruendo de un mundo que se hacía añicos. El miedo, que había sido mi compañero constante, se transformó en algo más afilado, más peligroso: una desconfianza total y absoluta. Mi primer instinto no fue correr, sino atacar.
"¡Aléjate de él!", rugió Nera en mi mente, una explosión de furia protectora. "Es una trampa