La marca no se borró con el amanecer.
Intentaron cubrirla con tierra húmeda, con hojas trituradas, con barro fresco. Intentaron diluirla como si fuera una herida superficial. Pero el glifo tallado en la piedra parecía resistirse a desaparecer. No porque la piedra no pudiera cubrirse, sino porque el símbolo ya había hecho su trabajo. No necesitaba ser visible para seguir existiendo.
El territorio entero lo sentía.
Esa fue la primera señal.
La segunda fue el silencio distinto que cayó sobre Umbra