—Siéntese —ordenó Marena.
Lucía se mantuvo de pie.
—Dije que no voy a escribir.
Marena entrecerró los ojos.
Lucía sintió que el aire se espesaba… pero no retrocedió.
Alana dio un paso adelante, temblando de impotencia.
—¡Lady Lucía no tiene por qué obedecer a un hombre que la golpea! ¡No aquí! ¡No en el castillo del príncipe! —Esta mujer está loca—.
Marena la miró con calma.
Demasiado calma.
—No estás en posición de hablarme así, niña.
El duque me dio una orden… y yo cumplo todas sus órdenes.
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