Clara estaba agotada. El acoso constante de Facundo en su universidad, en el trabajo, incluso en la puerta de su apartamento, la tenía en un estado de alerta permanente. Cada vez que escuchaba un golpe en la puerta o un timbre inesperado, su corazón se aceleraba como si estuviera a punto de estallar.
Una tarde, cansada de huir, decidió enfrentarlo. No porque quisiera volver, sino porque necesitaba respuestas.
Lo encontró esperándola bajo la lluvia, apoyado en su viejo automóvil. Sus ojos, can