La jornada en el bufete había sido larga, pero Clara apenas recordaba los planos que había revisado durante el día. Su mente estaba en otra parte. Desde que Valeria llegó, la rutina se había transformado de un modo que no sabía explicar. Todo parecía seguir igual, pero, bajo la superficie, algo había cambiado.
Clara se repetía que no tenía por qué desconfiar. Mateo le había demostrado con hechos —y no solo con palabras— que estaba comprometido con ella, con su vida y su futuro juntos. Sin embar