El bufete vivía una época dorada. Tras la inauguración del parque urbano, los pasillos se llenaban cada mañana de nuevos proyectos, carpetas frescas, llamadas de clientes y la emoción de quienes sabían que estaban construyendo algo grande. El ambiente estaba cargado de energía, de conversaciones rápidas entre oficinas, de bocetos que cambiaban de manos con entusiasmo.
Esa tarde, la sala de reuniones de los ingenieros estructurales estaba ocupada. Los planos se extendían sobre la mesa central, r