Clara pasó la noche dando vueltas en la cama, pensando en la mirada de Mateo, en su voz firme preguntando lo que ella no se atrevió a contar. El peso del silencio le apretaba el pecho.
“Debí hablar, debí confiar en él”, se repetía una y otra vez.
Al amanecer, tomó una decisión. Lo buscaría en la oficina para disculparse y contarle lo que llevaba meses callando. No podía seguir cargando sola con ese miedo.
Pero cuando llegó al bufete, el puesto de Mateo estaba vacío. Preguntó por él y le info