Mateo le sostenía la mirada incrédulo a lo que acababa de suceder.
Su mirada fija, seria, hizo que Clara sintiera un escalofrío en la nuca.
—Clara, ¿qué está pasando? —repitió, esta vez más despacio, con un tono firme pero cargado de preocupación.
Ella forzó una sonrisa, intentando que sus palabras sonaran convincentes.
—No es nada… lo compré por precaución. Ya sabes, salir tarde del trabajo, caminar sola… uno nunca sabe.
Mateo no apartó la vista.
—Eso no es “nada”. No es como tú.
Clara