La mañana amaneció con un sol radiante que entraba tímidamente por las persianas de la clínica Santa Regina. Clara se había despertado más temprano que de costumbre, con la ansiedad propia de quien tiene un propósito pendiente. Durante días había estado recuperándose, aprendiendo de nuevo a caminar por los pasillos, comiendo poco a poco purés y caldos, viendo cómo su madre la cuidaba con una dedicación infinita. Pero esa mañana se sentía distinta: no solo quería ser paciente, también quería vol