La llegada de los investigadores a la clínica de Armuelles fue tan repentina como inesperada. Dos hombres vestidos de traje oscuro y placas oficiales colgando de sus cinturones descendieron de un automóvil gris sin logotipos. Sus rostros eran serios, sus miradas agudas, el andar seguro de quienes sabían que su presencia generaría incomodidad. El doctor a cargo de la sala donde estaba internado Facundo los recibió en el pasillo, con el uniforme impecable y el gesto profesional que ocultaba la te