El bufete no era el mismo desde aquella tarde en la que las cámaras expusieron la traición de Valeria. La confianza entre colegas había recibido una herida profunda, y sin embargo, de esa misma herida había brotado algo inesperado: una unidad férrea, casi desesperada, que los mantenía de pie.
Raúl y Ernesto, conscientes de lo que estaba en juego, habían cerrado filas con todos. No se aceptaría ningún proyecto nuevo, ninguna distracción: durante las dos semanas siguientes, toda la energía esta