El ambiente en la sala de juntas era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. El murmullo de voces había cesado por completo, y lo único que se escuchaba era el clic del teclado del encargado de sistemas mientras navegaba entre carpetas y fechas en la computadora conectada al proyector.
Raúl, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, se mantenía de pie junto a Ernesto, que parecía una bomba a punto de estallar. Sus miradas estaban fijas en la pantalla, esperando encontrar lo que confir