La reunión había terminado días atrás, pero el bufete aún vibraba con la inercia del proyecto de Costa Verde. Los equipos trabajaban a toda máquina: arquitectos revisando detalles, ingenieros ajustando cálculos, novatos absorbiendo cada palabra como si fuese oro. Todos parecían en sintonía, todos… menos Valeria.
El gran desacierto había sido, irónicamente, una decisión práctica. Raúl y Ernesto, conscientes de que Valeria no formaba parte de ningún grupo de presentación, decidieron asignarle u