El eco de los aplausos aún flotaba en la sala de juntas. Tras horas de tensión, las presentaciones habían concluido y lo que quedaba era un aire de satisfacción compartida. Los equipos se dispersaban en pequeños grupos, comentando anécdotas, detalles técnicos, dudas, y hasta chistes nerviosos que solo se permitían cuando la presión había cedido.
Los pasillos del bufete vibraban con conversaciones. Algunos novatos, todavía con el rostro enrojecido por la emoción, intercambiaban impresiones sob