En el bufete esa mañana no se hablaba de cifras ni de materiales, sino del breve y contundente enfrentamiento en el pasillo.
Una asistente bajó la voz mientras servía café:
—¿Escuchaste lo que Clara le dijo? “Mi rímel tiene más resistencia que tus intrigas”… —y rió en voz baja.
—Fue magistral —contestó otra—. Y lo mejor fue la cara de Valeria, parecía que se había tragado un limón.
Un arquitecto más joven añadió, casi susurrando:
—Lo que más me impresionó es que Clara no levantó la voz ni