Capítulo 84 Empieza la batalla

La casa De La Vega estaba sumida en un silencio extraño, pesado, como si las paredes mismas contuvieran la respiración.

Damián observaba a su hermano desde el umbral de la habitación.

Luis estaba sentado en la cama, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre las rodillas. No hablaba. No lloraba. No preguntaba nada. Su mirada permanecía fija en un punto inexistente, como si la vida hubiera quedado suspendida en algún lugar que nadie más podía ver.

—Luis… —murmuró Damián, acercándose despacio—. Soy yo. Estoy aquí.

No hubo reacción.

Damián se arrodilló frente a él, tomando sus manos con cuidado, como si temiera que se rompieran.

—Hermano… estás en casa. Conmigo. Ya no estás ahí.

Nada.

El silencio de Luis era más devastador que cualquier grito.

Damián cerró los ojos, respiró hondo y apoyó la frente en las manos de su hermano.

—Perdóname —susurró—. No te busqué. No supe. Creí que estabas muerto.

Luis parpadeó una vez.

Solo una.

Pero para Damián fue suficiente para sentir que algo, muy
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