La noche caía pesada sobre la ciudad cuando Damián llegó al edificio de Jorge.
No apagó el motor de inmediato. Permaneció dentro del auto, con las manos firmes sobre el volante, mirando un punto fijo frente a él. Sentía el pecho comprimido, como si algo invisible le apretara el corazón desde dentro. Todo en su vida parecía haberse torcido en cuestión de días: su matrimonio, su madre, Gabriela… y ahora su hermano.
Finalmente bajó del auto y subió los escalones de dos en dos. Golpeó la puerta con