Capítulo 83 Medias verdades

Gabriela seguía con las manos aferradas al volante, tan fuerte que los nudillos se le habían puesto blancos.

El humo de la fogata, el olor a tela quemada, la sonrisa venenosa de doña Elvira… todo seguía ahí, pegado en su garganta, como ceniza.

Lucía iba en el asiento del copiloto, mirando de reojo a su amiga, midiendo cada palabra como si pudiera romperla con un suspiro.

—Gaby… mírame —pidió con calma—. Respira. Ya salimos de ahí.

Gabriela no respondió.

Sus ojos estaban clavados al frente, vidr
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