La ciudad estaba en estado de alerta.
Patrullas avanzaban por avenidas principales, radios crepitaban con órdenes cruzadas y nombres repetidos como mantras peligrosos:
Doña Elvira De La Vega. Armada. Altamente peligrosa. Acompañada por una mujer mayor. Posible rehén femenina.
Damián escuchaba todo desde el interior de la camioneta policial, con las manos entrelazadas tan fuerte que los nudillos se le habían vuelto blancos. Jorge iba a su lado, revisando mensajes, llamadas, informes que no term