La mansión De La Vega era tan silenciosa que a veces Gabriela sentía que respiraba entre paredes que no la querían. Aunque Damián y Nico llenaban su mundo de ternura, había un peso invisible clavado entre sus costillas: el secreto de Luis, la sombra de un hombre vivo al que todos daban por muerto… y la certeza de que Sara no se había suicidado, sino que alguien—Elvira—había decidido su destino.
Aun así, Gabriela intentaba mostrarse tranquila, seguir con su nueva vida junto a Damián. Por las mañanas desayunaban juntos, por las noches Nico le contaba sus sueños. Pero siempre había un rincón oscuro dentro de ella que recordaba:
Elvira sabe que sé la verdad.
Y mientras viva bajo este techo, corro peligro.
Llevaba una semana en la misma casa de doña Elvira. Y ese tiempo se le había hecho eterno
Esa tarde, Damián llamó a todos a la sala principal. Gabriela sintió mariposas nerviosas en el estómago cuando lo vio tomar la mano de Nico.
—Mamá —dijo él, mirando a Elvira con firmeza—. Quiero d