La mansión De La Vega era tan silenciosa que a veces Gabriela sentía que respiraba entre paredes que no la querían. Aunque Damián y Nico llenaban su mundo de ternura, había un peso invisible clavado entre sus costillas: el secreto de Luis, la sombra de un hombre vivo al que todos daban por muerto… y la certeza de que Sara no se había suicidado, sino que alguien—Elvira—había decidido su destino.
Aun así, Gabriela intentaba mostrarse tranquila, seguir con su nueva vida junto a Damián. Por las mañ