Gabriela salió de la mina, dejando a Francisco atrás.
Aún llevaba en la cabeza las palabras de Elvira:
“Cuida dónde metes la nariz.”
Y la imagen del expediente que no debía existir.
Luis De La Vega.
Vivo.
Oculto.
Pero antes de que pudiera procesarlo, vio una figura recargada en una camioneta negra.
Damián.
El hombre que podía convertir un día gris en un amanecer nuevo.
—Llegas justo cuando empezaba a preocuparme —dijo él con una sonrisa tibia, esa que le desarmaba el alma.
—Salí lo más rá