El sonido de las notificaciones seguía repitiéndose como un martillo sobre la mesa.
Gabriela no dejaba de mirar el artículo.
Cada palabra.
Cada insinuación.
Cada foto manipulada.
No podía creer que otra vez… la estaban usando como arma.
—Gabriela —susurró Damián, todavía en la cama, extendiendo la mano hacia ella—. Ven aquí, por favor.
Pero Gabriela se apartó, con los ojos encendidos de furia.
—¡No puedo calmarme, Damián! —explotó—. ¡Ese artículo me destruye como profesional, como mujer! ¡M