El sonido de las notificaciones seguía repitiéndose como un martillo sobre la mesa.
Gabriela no dejaba de mirar el artículo.
Cada palabra.
Cada insinuación.
Cada foto manipulada.
No podía creer que otra vez… la estaban usando como arma.
—Gabriela —susurró Damián, todavía en la cama, extendiendo la mano hacia ella—. Ven aquí, por favor.
Pero Gabriela se apartó, con los ojos encendidos de furia.
—¡No puedo calmarme, Damián! —explotó—. ¡Ese artículo me destruye como profesional, como mujer! ¡Me deja como una hipócrita, como una falsa! ¡Como si yo… jugara con hombres!
Él se incorporó de inmediato.
—Gaby…
—¡No! —lo interrumpió, respirando agitadamente—. Te dije que esa periodista estaba detrás de mí. ¡Te lo dije! Y aun así… no tomé precauciones. ¡YO!
—No te culpes —respondió Damián, intentando acercarse—. Esto no es tu culpa. Yo voy a interponer una demanda formal contra ella. Voy a—
—¡No! —Gabriela levantó la mano, firme—. Esa pelea es mía.
¡Yo voy a enfrentar a Clara Sandoval!
Yo m