—Te ves hermosa, hija —dijo la madre de Victoria, con una sonrisa cargada de ternura y cansancio.
El espejo devolvía la imagen de una mujer impecable, de rostro calculadamente dulce, envuelta en un vestido blanco con bordados de perlas que relucían bajo las luces de la tienda.
Victoria giró ligeramente, observando su reflejo con deleite.
—Gracias, mamá. Adrián me verá así y no podrá apartar la mirada.
Su madre dejó escapar un suspiro y cruzó los brazos.
—Solo quiero estar segura, Victoria. ¿De