La mina estaba más silenciosa de lo normal.
Los rumores seguían flotando, los trabajadores murmuraban a espaldas de Gabriela… pero ya no había señal de debilidad en su postura.
Después de enfrentar a la prensa, caminaba con la cabeza en alto, con una fuerza que parecía recién despertada.
Aun así, algo en el ambiente se sentía extraño.
Una corriente fría que no sabía de dónde venía.
Lucía apareció a su lado con una carpeta.
—¿Listo el informe para doña Elvira?
—Sí, pero antes necesito revisar algo en la oficina de administración —respondió Gabriela.
Lucía la miró de reojo.
—¿Tiene que ver con el artículo?
—Tiene que ver con todo —respondió, firme—. No pienso dejar que sigan inventando historias sobre mí.
Aunque en su interior ella era consciente que no del todo, eso era mentira. Lo que la agobiaba, su figura como mujer honesta, se estaba quebrantando.
Y doña Elvira la estaba presionando. Desde el escándalo de la prensa, sus visitas a la mina eran más constantes, igual que su mal humor