85. ¿Te gusto?
Nuestros cuerpos vibraban y el mínimo asentimiento provocaría que se estremecieran aún más. Lo deseaba con todas mis fuerzas, pero mientras no estuviera todo seguro, era como una banda en la herida de bala. Su mirada penetrante me paralizaba, mis piernas temblaban y nuestras respiraciones se acompasaban.
—Laurent, no me has respondido aún —con sus labios comenzó a rozar la piel delicada de mi cuerpo, aún hablando ronco por el deseo—. Déjame satisfacerte, me dedicaré a ser tu objeto de placer don