110. Dicha
Cuando Tatiana termina de hablar, los ojos de Gladys yacen estáticos allí, como si realmente no lo creyeran, entusiasmados, abiertos y con las secuelas de sus anteriores lágrimas. Germán afirma con un gesto de la cabeza, acercándose también con un semblante calmado.
—¿Estás hablando en serio? —Gladys le cuesta creerlo. El papel entre sus manos muestra que es verdad. Allí está su nombre. Lo más importante para Carolina, para ella también, porque había trabajado duros en sus años de juventud pa