Vivian llegó a la estación de tren con la respiración entrecortada y el cuerpo tenso. No podía permitirse detenerse. Su vida dependía de ello.
Al bajar del taxi, sus piernas temblaban, pero obligó a su cuerpo a moverse. Caminó con paso acelerado hasta el banco más cercano, lanzando miradas furtivas por encima del hombro. Sentía que en cualquier momento alguien la descubriría, que una sombra surgiría de la nada para arrancarla de su libertad.
Entró al banco con las manos heladas y la garganta sec