El sonido de su nombre en la boca de Gabriel le heló la sangre. Era un susurro bajo, casi imperceptible, pero en ese instante, resonó en sus oídos como una condena.
Su instinto le suplicó que no se moviera. Le decía que, si permanecía en silencio, si se mantenía en las sombras, él no la vería. La oscuridad, su única aliada. Pero los pasos se acercaban. Rápido. Demasiado rápido. El sonido de sus zapatos marcaba cada segundo, cada latido del corazón de Vivian. Ella se congeló, apenas podía respira