—¿Escapas del padre de tu hijo? —preguntó la doctora, observando con cautela el temblor en los labios de Vivian.
Ella titubeó, con la respiración agitada y el corazón golpeándole el pecho.
—¡Él quiere arrebatármelo! —susurró, suplicante—. ¡Por favor, ayúdeme!
La doctora sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era la primera vez que veía a una mujer en una situación así, pero nunca con tanto pavor en los ojos.
—¿Quieres que llame a la policía?
Vivian negó frenéticamente con la cabeza, agar