El hombre levantó su mano con la pistola apuntando hacia Paz.
Un temblor recorría su brazo, pero fue el grito de su compañero lo que lo hizo vacilar.
—¡¿Y si miente?! ¿Y si todo esto es una mentira para salvarse? ¿Y si ella es la verdadera señora Eastwood?
La pistola en su mano tembló, la amenaza en el aire era palpable, pero el hombre bajó el arma lentamente.
Sus ojos se encontraron con los de Paz, y después de un largo y tenso silencio, le arrancó la venda de la boca.
Paz respiró con dificulta