Terry iba en el auto, su mente en un torbellino de desesperación y ansiedad.
Cada minuto que pasaba sin saber de Paz lo sentía como una eternidad, y la angustia lo consumía.
Su corazón latía con fuerza, como si no pudiera resistir el peso del miedo.
De repente, su guardia lo sacó de su ensueño con un grito de esperanza.
—¡Señor, tenemos una señal! ¡Es el teléfono de la señora, parece que ha sido encendido, tenemos la ubicación de donde está, es un lugar apartado a las afueras de la ciudad! Creem