Deborah caminaba por la casa con pasos agitados, su mente sumida en la furia.
Cada uno de sus pensamientos la empujaba más cerca de la desesperación.
La noticia de que Terrance no había llegado a dormir en la casa la estaba consumiendo por dentro.
La imagen de Paz apareciendo en la vida de él una y otra vez era como una daga clavada en su corazón.
—Maldita seas, Paz —murmuró, apretando los dientes, sus ojos llenos de rabia—. ¡Quiero que dejes de intentar robarme lo que es mío! Terry me pertenece